Hemangioma infantil

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Hemangioma infantil y otras lesiones vasculares

Las lesiones vasculares en lactantes y niños se clasifican principalmente en dos grupos: tumores y malformaciones vasculares. Los hemangiomas infantiles se encuentran dentro del grupo de tumores benignos junto con otros como el granuloma piógeno, hemangioendotelioma kaposiforme y el hemangioma en penacho. Sin embargo, los hemangiomas infantiles son los tumores vasculares más comunes.

Los hemangiomas infantiles se caracterizan por tener una fase de crecimiento, de estabilidad y de involución; en contraste con las malformaciones vasculares que están conformadas por capilares, arterias, venas y vasos linfáticos anómalos y crecen de manera proporcional al crecimiento del niño, generalmente sin involucionar.

 

 

 

 

 

 

 

 

Se estima que cerca del 10% de los niños caucásicos los presentan. Algunos factores que predisponen a su aparición son: género femenino (de 2-3 veces más riesgo); ser pre-término y con bajo peso al nacer; productos de embarazos múltiples; edad materna avanzada; placenta previa o alguna otra anomalía placentaria.

La mayoría de los hemangiomas infantiles no son clínicamente evidentes al nacimiento, sino en los primeros días a semanas de vida. En muchos casos se encuentra una lesión premonitoria que es una placa violácea o con telangiectasias y una zona de vasoconstricción periférica. 

Generalmente, las lesiones son únicas, aunque en el 20% de los casos pueden existir múltiples

Los hemangiomas infantiles tienen tres fases:

  1. Fase de proliferación que consta de una etapa de crecimiento rápido durante los primeros 5 meses de vida, en la cual crece el 80% de su tamaño final, y a partir del 6º a 12º mes ocurre la fase de crecimiento lenta. La proliferación después del año de vida puede ocurrir, pero es poco común.

  2. Fase de estabilidad o meseta en la que el hemangioma deja de proliferar, puede sobreponerse con la fase de crecimiento lenta.

  3. Fase de involución espontánea que típicamente inicia a partir del año de edad y continúa a lo largo de los años, se estima que el tamaño del hemangioma disminuye 10% al año, por lo que a los 5 años habrá involucionado el 50% aproximadamente.

 

 

Las complicaciones locales abarcan la ulceración, la más frecuente, la infección, el sangrado y el dolor. Entre las secuelas se encuentran el riesgo funcional por afectación de algún órgano y el compromiso estético, en muchas ocasiones con gran impacto psicológico en el niño.

 

Se sugiere el propranolol como tratamiento de primera línea de elección en los niños con hemangiomas externos y que este sea administrado con prontitud para evitar complicaciones potenciales. El Propranolol funciona mejor cuando se comienza  durante el tiempo en que el hemangioma está creciendo en los bebés hasta los seis a doce meses de edad.

En vista que una cirugía siempre dejará una cicatriz (y debido a que la mayoría de hemangiomas mejoran con el tiempo) una cirugía temprana sólo debe reservarse para una minoría de los casos.

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